septiembre 08, 2020

Crisis tras crisis, la UCA Managua sigue adelante

 

Desde abril de 2018, Nicaragua se encuentra en una grave situación social y civil originada por la represión violenta en la que ha incurrido el Gobierno a causa de protestas pacíficas, en su mayoría lideradas por estudiantes. Estas protestas comenzaron a raíz de una reforma del Sistema de Seguridad Social, y dado el aumento de la violencia y las muertes, rápidamente se convirtieron en demandas de justicia en contra de las violaciones a los derechos humanos. Tensiones entre el Gobierno y los protestantes fueron aumentando y una de las organizaciones que asumió un rol activo en la defensa de los derechos de los ciudadanos fue la Universidad Centroamericana (UCA) Managua, una institución Jesuita en Managua, que se convirtió en uno de los puntos de encuentro clave para que estudiantes y manifestantes se reunieran.

La Universidad comenzó a denunciar las injusticias y violaciones de derechos humanos en Managua a nivel nacional e internacional, convirtiéndose en uno de los principales intermediarios y representantes de los manifestantes en las colaboraciones con organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Además, pusieron sus recursos a disposición de todos los que necesitaban asistencia. Su bufete de abogados de defensa de la sociedad y su centro de desarrollo psicológico, prestan servicios a presos políticos, sus familias y a las familias de los asesinados.

Los esfuerzos por proteger y defender los derechos de las personas en Nicaragua, rápidamente convirtieron a la UCA en un enemigo, a los ojos del Gobierno, lo cual trajo serias repercusiones sobre la organización y sus miembros. El personal y los estudiantes fueron acosados, y la Universidad sufrió recortes en el presupuesto de fondos públicos, así como también, comenzó a encontrar obstáculos en la realización de procesos administrativos básicos.

Para garantizar la seguridad de sus estudiantes y la comunidad, la Universidad decidió cerrar su Campus durante el resto del 2018 y continuar la educación en línea, pero en este caso, desafortunadamente con una oferta de cursos más pequeña, debido a la escasez en la disponibilidad de recursos. En el 2019, las protestas se ralentizaron, debido a la represión del Gobierno, y la Universidad decidió reabrir sus puertas con una combinación de clases virtuales y presenciales. Los estudiantes se sintieron seguros y apoyados por la Universidad, lo que llevó a que volvieran a utilizarla como lugar de encuentro para pequeñas protestas, en las cuales la policía optó por no entrar, pero aún se mantuvo presente, rodeando el campus, registrando a los estudiantes, y hasta en algunos casos realizando arrestos.

Los recortes presupuestarios en la financiación aumentaron las dificultades para mantener los programas y proporcionar becas a los estudiantes. Antes de que comenzara la crisis en 2018, la UCA ofrecía al menos 1,000 becas para nuevos estudiantes cada año. Estas becas eran por el valor total de la matrícula y durante el tiempo de duración de sus carreras, siempre y cuando mantuvieran un buen promedio. Hoy, la UCA no puede proporcionar las mismas 1,000 becas y no puede garantizar la financiación de toda la carrera de un estudiante. El número de estudiantes se ha reducido a 6.000, 8500 en 2018, debido principalmente a las complicaciones económicas y de seguridad que tienen los estudiantes para permanecer en Managua, y adicionalmente seguir pagando su educación. A pesar de los muchos desafíos que enfrentan, la universidad está comprometida a seguir proporcionando Educación a aquellos estudiantes que quieran acceder a ella.

En el 2020, Nicaragua está viviendo una crisis tras otra. Con la pandemia trayendo cambios e incertidumbre a nivel global, en este país, el gobierno se niega a reconocer la crisis, minimizando sus efectos e impacto en la población. Es difícil acceder a información real y de calidad, no existen medidas de seguridad para proteger a los ciudadanos, las pruebas son escasas y nunca se dictaminan muertes como resultado del COVID-19.

En ese momento, la UCA asume de nuevo un papel activo una vez más, denunciando las acciones del gobierno, manteniéndose comprometida con sus creencias, luchando por los derechos de su comunidad y brindando asistencia en lo posible. El Campus cerró tan pronto como se informó el primer caso de COVID y hasta la fecha es el único Campus universitario en la región de Managua, que ha cerrado por completo sus puertas y está ofreciendo todas sus clases en línea. La institución está preparada para afrontar las repercusiones por parte del estado, como viene haciendo desde el 2018.

El pueblo de Nicaragua ha enfrentado muchos desafíos en los últimos dos años y la UCA ha jugado un papel central en el manejo de la situación y denuncia de las injusticias presentadas por la comunidad, a nivel Nacional e Internacional. La UCA existe por una razón, por una misión, y en momentos de crisis es cuando se puede ver si una organización está realmente comprometida con su Misión, la universidad está generando cambios, y trabajando para construir un futuro mejor para la juventud de Nicaragua. La UCA seguirá trabajando incansablemente para superar estas crisis bajo el liderazgo del Rev. José Alberto “Chepe” Idiaquez, SJ, quien recientemente fue honrado por la Universidad de Seattle por su trabajo, y cuenta con el apoyo de muchos otros que asumen su responsabilidad en la lucha por los derechos del pueblo de Nicaragua.

Magis Americas y la Universidad Centroamericana de Managua, son socios en una visión de crear una Nicaragua más justa y equitativa. Trabajamos para incrementar y fortalecer la comunidad de donantes comprometidos con la UCA, con el fin de financiar proyectos sociales como, becas estudiantiles, clínicas sociales de servicio comunitario y apoyo a diferentes organizaciones que forman parte de la comunidad.

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