junio 22, 2021

De Venezuela a Brasil, hasta aquí nos trajo el Señor

Jose Alberto Romero, Coordinador del Centro Social Liberdade en Fe y Alegría Brasil – RR nos da una visión local sobre lo que significa para un migrante poder participar en los programas que implementa Fe y Alegría Brasil en apoyo de los migrantes, específicamente aquellos que vienen de Venezuela.

“Uf, usted habla español, gracias a Dios” es una de las expresiones más comunes oídas por los funcionarios de Fe y Alegría en Boa Vista – Brasil cuando reciben a algún migrante venezolano que busca información. Esta es la expresión de alguien que viene cansado de andar a pie o en bicicleta bajo un sol abrazador, sumando kilometraje al ya largo recorrido desde su casa vacía ubicada en lo que antes era su ciudad. Toma un segundo aliento cuando ve el logotipo del corazón rojo con tres niños dibujados en su interior, él sabe que hay un nexo con su querido país, él sabe que ese logo representa algo bueno. En Venezuela está por todas partes, en cientos de escuelas y programas de educación popular. A veces este migrante no viene solo, está acompañado de su familia incluidos niños pequeños y bebés, buscando apoyo para lograr lo que tanto anhela, un futuro mejor para su familia.

Fe y Alegría no llegó a Boa Vista por casualidad. Estamos aquí como resultado de la observación, el discernimiento y la acción de hombres y mujeres que reconocieron la necesidad de estar presentes en las fronteras de la exclusión. Siempre recuerdo con alegría a Ronilson Braga, Agnaldo Junior y Pedro Pereira (Pedriño) Sacerdotes Jesuitas, que impulsaron esta obra de la Compañía de Jesús en el norte de Brasil. Es de esta forma que en el año 2018 comienza un camino de grandes desafíos y mayores aprendizajes, primero en el trabajo con los niños, y después poco a poco con sus familias y la comunidad que los acoge. En los primeros años fundamos nuestro servicio de convivencia y fortalecimiento de vínculos para niños(as) y adolescentes, garantizandoles un servicio básico de protección, alimentación, integración a la sociedad brasileña y el disfrute de sus derechos. Hoy 3 años después Fe y Alegría Brasil acompaña a miles de familias migrantes y nacionales en medio de una pandemia que golpea Brasil. Nuestra ayuda humanitaria incluye alimentación, kits de higiene para prevención del Covid-19, recargas de gas, canastillas para mujeres embarazadas, además de los servicios que ya veníamos prestando.

En busca de nuevas formas de cómo apoyar a estas familias en vulnerabilidad, este mes de junio inauguramos la casa de paso “José María Velaz”. Esta acogerá familias en su tránsito a otros estados de Brasil, apoyando los esfuerzos de la operación acogida del ejército brasilero en su estrategia llamada “Interiorización”, que traslada migrantes a otros estados mejor preparados para recibir un alto flujo migratorio. Adicionalmente, nuestro programa de formación de emprendedores contribuye también a la integración e independencia económica de aquellas familias que deciden establecerse en la ciudad de Boa Vista, no solo formando a futuros emprendedores sino también acompañándolos y apoyándolos hasta cuatro meses mientras su pequeño emprendimiento genera los primeros frutos.

Otra línea de acción en Boa Vista, es el proyecto “Cuidando la casa común” que forma parte de la iniciativa de ecología integral de la Federación Internacional de Fe y Alegría, acompañamos a líderes indígenas- Warao, Eñepa, Kariña y Pemon con formación, investigación, y actividades que fomentan la valorización y preservación de su lengua y cultura. Estos grupos también son migrantes desplazados desde Venezuela, ellos también enfrentan grandes desafíos, intentan adaptarse a una sociedad diferente con otra lengua y costumbres diferentes, mientras tratan de encontrar un espacio donde vivir.

Brasil es muy grande y diverso, Fe y Alegría lo es también. Adaptada a la realidad local y a la necesidad específica de nuestros beneficiarios, en Boa Vista nuestros colaboradores son en su mayoría bilingües, preparados para el trabajo intercultural e interreligioso, con vocación para acoger, proteger y ayudar. Es necesario estar siempre preparado para adaptarnos a una realidad desafiadora y en constante cambio, nos motiva un sentido de compromiso que nos prepara para estar siempre dispuestos a acoger a quien procura nuestros servicios y pensar en formas creativas para disminuir el impacto de la migración forzada.

Los proyectos desarrollados en Boa Vista son resultado del trabajo conjunto de muchas personas; el equipo de funcionarios en la ciudad, el equipo en nuestra sede nacional en Sao Paulo, nuestros financiadores nacionales e internacionales, otras organizaciones de la sociedad civil, organizaciones religiosas, otras obras de la compañía en el territorio tales como el Servicio Jesuita para Migrantes y Refugiados (SJMR) y la pastoral universitaria, además de personas voluntarias que donan su tiempo para esta causa. Aún más, los incontables brasileños que en este hermoso país que ha acogido decenas de miles de migrantes que han cruzado la frontera en los últimos 4 años para reconstruir sus vidas y que en agradecimiento quieren contribuir al desarrollo de esta gran nación.

Yo también soy migrante, llegue hace 4 años, igual que todos los demás con una maleta que intentaba trasladar toda una vida a un país diferente. Hoy comprendo que todos somos migrantes en esta vida, apenas de paso y que como tales somos llamados a ser empáticos con aquellos que por diferentes razones se ven obligados a salir de su país dejando atrás familia, casa, sueños y raíces. La experiencia migratoria es dolorosa, a veces incluye pobreza, soledad, inseguridad y xenofobia, entre otras, pero puede ser también una oportunidad extraordinaria para ampliar nuestros horizontes, para aprender de la riqueza que es inherente a la diversidad cultural, para reconstruir nuestras vidas y con mayor experiencia ayudar a los que vienen atrás, solamente Dios sabe porque nos trajo aquí. Citando las palabras del cantor y filósofo Facundo Cabral que después de haber visitado más de 100 países le preguntaron ¿Cuál era el mejor lugar del mundo? respondió: “este, porque aquí me trajo el Señor”, hoy podemos decir lo mismo, Dios nos trajo aquí, Dios bendiga este lugar y a su gente que nos acoge.

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