febrero 21, 2019

Haití: Llamada al diálogo nacional

Jean Denis Saint-Félix, Superior Regional de los jesuitas en Haití, comparte sus reflexiones sobre la actual crisis en el país, haciendo un llamamiento al diálogo nacional como respuesta a la corrupción e impunidad. Te invitamos a escuchar su voz y la voz del pueblo haitiano, en su lucha por la justicia y la paz. 

“Se deben tomar medidas inmediatas, concretas y efectivas para mejorar las condiciones de vida de la población y evitar la catástrofe humanitaria que nos espera de todos lados. Todos los esfuerzos deben combinarse para facilitar el acceso al agua potable, medicamentos y necesidades básicas.

El Ejecutivo, el Primer Ministro, el Poder Legislativo, el Poder Judicial, los Líderes de la oposición, los Partidarios de la Anarquía y la Violencia, la famosa Comunidad Internacional y más específicamente el Grupo Central(o core group), todos ellos son parte del problema y han contribuido a aumentar la miseria de la gente y alimentar su ira . Todos respaldan un sistema envejecido, podrido y que está ya sin aliento, incapaz de cumplir sus funciones de gobernar, administrar, y son una máquina real de desigualdad, negligencia, impunidad y corrupción (el sistema no da más de sí).

Sin embargo, hoy en día, esta crisis parece ofrecernos una oportunidad de oro que hay que aprovechar a toda prisa para volver a “barajar las cartas” de la nación haitiana. Esta vez, no habrá soluciones cosméticas, todas hechas con control remoto y elaboradas desde algunas embajadas, rentables solo para el mismo pequeño grupo de siempre formado por políticos corruptos que sólo esperan su turno para saquear los cofres del estado y enriquecer sus clanes y sus familias.

Es esta la hora del diálogo tan demandado por todos los estratos de la sociedad haitiana; imposible huir de él. Ese diálogo requiere la participación de hombres y mujeres honestos, competentes y creíbles. Un diálogo que está llamado a derrotar un sistema construido sobre el desprecio de los más pobres, la desigualdad y la injusticia. Este diálogo nacional, inclusivo – tout moun ladan , incluso el presidente – debe llevarnos ineluctablemente a otro régimen político que, como predica J. Tardieu, pasa por una nueva constitución, el establecimiento de instituciones republicanas, una verdadera reforma económica y el juicio de Petro-Caribe.

Esto no será suficiente debido a la asfixiaeconómica, que sigue siendo una de las notas esenciales de la crisis que vivimos. Basados en el análisis que fue producido por los jesuitas en diciembre pasado, tenemos derecho a decir que el país no cambiará, que las condiciones vida de las masas no va a cambiar y las repetidas crisis no se detendrán si “el circuito financiero y la actividad económica en general, especialmente los sectores secundario y terciario, siguen siendo prisioneros de una pequeña élite monopolizadora que se opone al surgimiento de una nueva clase de empresarios locales. Esta élite todopoderosa que no se identifica con la mayoría de la población, fundada sobre prácticas corruptas, carece de todo sentimiento nacionalista e invierte muy poco en el país”.  El país no cambiará, las quejas, el enojo histórico de la población y los conflictos no cesarán si los dirigentes y principales agentes económicos “no toman conciencia y hacen un compromiso patriótico firme y sincero, que contribuya a la efectiva construcción de una sociedad haitiana más justa, equitativa y próspera”.

El pueblo haitiano, la mayoría popular, también tiene un papel que desempeñar.Su postura como víctima no le conviene, y ya no corresponde a la gravedad de su situación. Debe convertirse en un actor. La “gente de bien” que permanece encerrada y paralizada en casa debe romper con el silencio cómplice y su triste posición como espectadores.

En este momento histórico de la vida de nuestro pueblo, la prensa también debe estar a la altura de su verdadera misión y su vocación de formación e información; al tiempo que reconocemos el encomiable trabajo de nuestros periodistas y muchas estaciones de radio, debemos deplorar también la falta de profesionalismo y fanatismo que caracteriza el trabajo de un pequeño número de comunicadores, y que empaña la imagen de nuestra tradición periodística, de la que nos sentimos orgullosos.

Allí se sitúa, también, el verdadero papel de los líderes religiosos y académicos. Más que nunca, como en la década de 1980, debemos salir de nuestro confort y de nuestro silencio – como dice el Papa Francisco – para acompañar a la gente en su lucha por la liberación total. Es nuestro deber, como religiosos y como intelectuales, ir con él para que deje de ser manipulado por mercenarios políticos de todo tipo. También es nuestra responsabilidad transmitir en las redes nacionales e internacionales el alcance, la urgencia y la nobleza de nuestra lucha por justicia y dignidad. Al hacerlo, damos testimonio de nuestra profunda solidaridad con el pueblo en fidelidad al Evangelio, cuyo plan es la salvación de la humanidad y toda la creación.

Finalmente,los jesuitas de Haití en las próximas horas cumpliremos con nuestro deber – incluso a riesgo de nuestra credibilidad – de ponernos en contacto con nuestros socios naturales de aquí y allá, así como con otros sectores de la vida nacional para pensar y proponer juntos un espacio desde el cual podríamos reflexionar sobre los mecanismos reales de este diálogo tan necesario.

Queremos movilizar todos nuestros recursos, tanto humanos como materiales, todos nuestros contactos y talentos, tanto nacionales como internacionales, para allanar el terreno que conduzca a este diálogo, con miras a la construcción de esta nueva sociedad que soñamos.

Nos gustaría aprender y aprovechar la experiencia de nuestros colegas y universidades jesuitas que participaron en procesos similares en países como El Salvador y Colombia, por nombrar sólo algunos.

Contamos con la solidaridad de la Conferencia de Provinciales jesuitas de América Latina y el Caribe – CPAL, de la Conferencia de Jesuitas de Canadá y Estados Unidos – JCCU, de la universal Compañía de Jesús, y con la participación de muchos hombres y mujeres de buena voluntad que quieren responder eficazmente a la misión de la justicia y la reconciliación aquí y ahora.”

Leer el articulo completo en la página web de la CPAL.