septiembre 07, 2015

Kelly Olson: Testigo del impacto del modelo de Fe y Alegría

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Kelly Olson, es una voluntaria jesuita que ha trabajado en Tacna, Perú, durante los años 2013 y 2014, apoyando el trabajo de Fe y Alegría en esta comunidad al sur del país y comprometiéndose con ilusión con este modelo de enseñanza.

Cuando terminé mi carrera en Georgetown University y apliqué al Cuerpo de Voluntarios Jesuitas (JVC), no tenía ni idea de dónde ni con qué organización me pedirían que trabajara. Cuando me ofrecieron una posición en un colegio Fe y Alegría en el sur de Perú estaba sorprendida y entusiasmada; ya antes había escuchado hablar de Fe y Alegría durante mis estudios de cooperación al desarrollo. En estas asignaturas, siempre se ensalzaba el trabajo de Fe y Alegría como un singular modelo de educación sostenible, con un fuerte compromiso en la inclusión y participación local. Fue maravilloso darme cuenta de que pronto iba a formar parte de un movimiento de educación popular tan influyente que era estudiado por personas como yo. Había pasado cuatro años leyendo y analizando casos de estudio de buenas iniciativas de desarrollo, ¡y ahora iba a poder vivir una de ellas de primera mano!

Pasé dos años en Tacna, Perú, asombrándome constantemente con la pasión de mis compañeros de trabajo, muchos de los cuales llevaban enseñando en ese colegio desde antes de que yo naciera. Todos estaban muy comprometidos con los alumnos y sus familias –porque esa es una de las cosas que hace especial a Fe y Alegría- la comunidad al completo está sinceramente comprometida los unos con los otros, con el objetivo de formar estudiantes llenos de compasión, curiosidad y sentido cívico.

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Durante el año 2014 celebramos el 25 aniversario del colegio y pude ver fotos de sus primeros años: los salones estaban hechos con esteras tejidas de paja y el patio era de tierra. Los profesores cuentan historias de tener que parar las clases cuando el sol se ponía porque no tenían electricidad. Poco a poco el colegio pudo ir creciendo. Los padres y madres de los alumnos trabajaban los fines de semana para asfaltar los suelos de las clases y poner ladrillos en las paredes y, año a año, el importe de una pequeña matrícula y las donaciones permitían la construcción de los baños, el asfaltado del patio, la instalación de biblioteca y la sala de computación y el desarrollo de los programas de “Educación para el Trabajo” (electricidad, computación, carpintería y tejido). Aprender más de la historia del colegio de Tacna –y el enorme prestigio que tiene el recorrido de Fe y Alegría como movimiento en el mundo- convierten el andar por ese lugar en algo casi sagrado: muchísimas personas cariñosas, generosas, creativas y tenaces han caminado esa tierra –literal y metafóricamente- antes que yo, fortaleciendo el sueño y el duro trabajo del padre Vélaz.

Aunque mis tareas específicas incluían enseñar inglés a los 540 alumnos de primaria y dirigir el programa de apoyo escolar después de las clases para alumnos en situación de riesgo de quinto y sexto de primaria, rápidamente me di cuenta que ser profesora en el Fe y Alegría era algo mucho más complejo, y satisfactorio, que simplemente enseñar. Más que cualquier otra cosa, mis alumnos necesitaban acompañamiento, apoyo, comunicación franca y amor. El ejemplo de mis compañeros profesores me enseñó cómo hacer esto tanto dentro como fuera del salón (¡no fue una habilidad nada fácil de conseguir!).

Finalmente, recibí y aprendí más de mis estudiantes y compañeros de trabajo de lo que nunca fui capaz de dar o enseñar. Son innumerables las enseñanzas que aprendí, pero las dos más importantes, aquellas que llevo conmigo cada día, son la voluntad de tratar de amar incondicionalmente y tratar de siempre respetar la dignidad de cada persona (especialmente en los momentos de frustración derivada de clases revoltosas, tareas no terminadas y exámenes suspensos).

Estoy completamente agradecida por la oportunidad de trabajar en Fe y Alegría y defenderé eternamente un modelo de educación popular como éste. Soy testigo del enorme éxito de estos colegios cada día y guardo cariño para todas esas vidas tocadas por Fe y Alegría.