noviembre 10, 2020

El rol crítico de UCA Managua en el Futuro de los Derechos Humanos en Nicaragua

Autor: Eduardo Yespica – Responsable de Donaciones Individuales, Magis Americas

La historia de América Latina es una historia de individuos. Desde la colonización, nuestra historia colectiva ha sido escrita principalmente por hombres fuertes y caudillos que obligaron a nuestras naciones a doblegarse a su voluntad y a los intereses de quienes las rodeaban. Venezuela, por ejemplo, ha tenido cinco repúblicas, 24 constituciones y más de tres docenas de presidentes a lo largo de sus 209 años de historia. Estos cambios continuos impiden el desarrollo de instituciones saludables y el arraigo de tradiciones democráticas. En más de 500 años de historia latinoamericana, la única excepción a este patrón han sido las universidades.

Desde su fundación, las universidades han demostrado ser una de las pocas instituciones que han defendido ferozmente su derecho a la autodeterminación. Esta idea culminó en lo que hoy se conoce como la autonomía de las universidades. Esta autonomía ha permitido que las universidades sean política y administrativamente independientes de actores o fuerzas políticas externas. También ha permitido a las universidades elegir su propio liderazgo, promulgar estatutos independientes y crear programas educativos. Esta libertad académica para crear programas educativos ha sido particularmente crítica para el desarrollo, al brindar a las universidades con la libertad y la responsabilidad de capacitar a profesionales calificados y realizar investigaciones independientes. Finalmente, y quizás aún más importante, la autonomía de las universidades ha permitido la difusión de ideas libres. Actualmente, no hay mayor ejemplo de esto que la Universidad Centroamericana (UCA) en Managua, Nicaragua.

Como otras instituciones jesuitas, la UCA se ha enfocado en inculcar a sus estudiantes un sentido de vocación, un deseo de servicio y un impulso para promover la esperanza, la reconciliación y la liberación en sus vidas y en sus comunidades. La UCA también manifiesta su misión de justicia en tres programas: (1) becas para estudiantes de bajos recursos; (2) servicios sociales para comunidades marginadas y vulnerables; y (3) investigación sobre los desafíos socioeconómicos que enfrenta Nicaragua con el fin de ofrecer soluciones sostenibles e impactantes.

Un resultado directo de su promoción abierta de los valores jesuitas y democráticos ha llevado a la UCA a convertirse en un espacio de diálogo y un símbolo de esperanza y perseverancia, educando a generaciones de nicaragüenses que han llevado estos valores en acción. Sin embargo, estos mismos valores también han dejado a la universidad expuesta a los ataques del régimen actual.

En 2018, estudiantes universitarios nicaragüenses, incluidos estudiantes de la UCA, salieron a las calles para protestar pacíficamente por las reformas gubernamentales dirigidas a poblaciones vulnerables. Las protestas de los estudiantes se encontraron con una respuesta forzosa por las autoridades gubernamentales, que incluyeron torturas, encarcelamientos ilegales, secuestros y asesinatos, entre muchas otras violaciones de derechos humanos. Como resultado de estos abusos, la UCA tomó acciones concretas para defender a sus estudiantes. Primero, el presidente de la UCA, el P. José Alberto “Chepe” Idiaquez S.J. comenzó a hablar abiertamente en contra de las acciones del gobierno. En segundo lugar, la clínica jurídica de la UCA comenzó a brindar servicios gratuitos a los estudiantes arrestados por el gobierno. Finalmente, la universidad tomó la decisión estratégica de asumir un papel más de incidencia mediante la creación de una campaña de concientización internacional que destacó las brutales acciones del gobierno en Nicaragua.

Sin embargo, estas acciones no han estado exentas de consecuencias. UCA ha perdido millones de dólares en fondos gubernamentales, que se utilizaban para apoyar su programa de becas. La universidad también enfrenta un aluvión constante de sanciones burocráticas, sin mencionar las amenazas, ataques y detenciones a los que se enfrentan sus estudiantes y personal. A pesar de todo, la UCA mantiene su compromiso con la justicia social.

Como venezolano, conozco muy bien esta historia. Al igual que la UCA, las universidades venezolanas han sido sistemáticamente asfixiadas por el gobierno durante las últimas dos décadas. Y al igual que en Nicaragua, estas tácticas suelen ser discretas. Las fuerzas gubernamentales rara vez asaltan las puertas del campus. Más bien, utilizan la sutileza para transmitir su mensaje. Auditorías inesperadas, restricciones arbitrarias a los fondos públicos y el hostigamiento de profesores y estudiantes logran su objetivo de aumentar lenta y metódicamente la presión hasta que las universidades se ven obligadas a tomar una decisión: someterse a la narrativa del gobierno o cesar sus operaciones.

No hace falta decirlo, pero los ataques a la educación superior son una de las cosas más insidiosas que pueden hacer los gobiernos autocráticos. Las universidades son una de las mejores herramientas de la sociedad para preservar y ampliar el conocimiento. Desde el cuidado de la salud hasta la ingeniería, el derecho a la educación y las bellas artes, la educación superior juega un papel vital en el funcionamiento de una sociedad independiente y democrática. Sencillamente, los actos de personas sin escrúpulos para limitar el acceso al conocimiento ponen en peligro el futuro de la sociedad.

Para que América Latina se libere de su historia de hombres fuertes y caudillos, necesitamos una ciudadanía informada y con pensamiento libre. El acceso garantizado a oportunidades de aprendizaje permanente, como la educación superior en instituciones como la UCA, es vital para crear sociedades más justas, equitativas y estables. Pero para preservar estas instituciones debemos solidarizarnos con esos valientes estudiantes y profesores que luchan a balazos con ideales. Como individuos y como sociedad, debemos abandonar el camino de la ambición y el poder y comprometernos con la esperanza, la reconciliación y la liberación.

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