febrero 14, 2018

Una vida con Fe y Alegría

Diseño sin título (6)

Altamira Barboza, tiene 81 años, con un vigor que muchos jóvenes envidian, una mente muy lúcida y una entrega incondicional a Fe y Alegría. Uno de sus hijos, Atilio, es el Director Zonal de Fe y Alegría Occidente; y anteriormente dos hijas y sus esposos ocuparon cargos directos y de coordinación en centros de este movimiento educativo. La hija mejor sigue trabajando en la escuela Nueva Venezuela. Sus hijos, sobrinos y nietos estudiaron allí y todavía lo siguen haciendo 13 nietos, 12 bisnietos y ya le está apartando cupo al primer tataranieto, pues como ella dice: “Yo amo a Fe y Alegría y varias veces me la he jugado por ella. Ahí se trabaja por amor, no por interés y muchos dedican sus vidas con sacrificio y entrega.”

Fe y Alegría llegó a Maracaibo en 1962 y empezó a construir un colegio en el barrio El Manzanillo. En aquellos años era inconcebible la educación católica gratuita; y la comunidad, manipulada por un falso líder, destruyó el colegio. Altamira, junto con las hermanas Lauritas, inició la tarea de aclararle a la comunidad lo que era Fe y Alegría, y el colegio renació de sus ruinas.

Se mudó con toda la familia al barrio La Polar, para que sus tres hijas estudiaron en la Normal Nueva América. Después, puso todo su empuje y liderazgo para construir la Escuela Nueva Venezuela en el barrio La Polar, y sacó más tarde de su temple aguerrido cuando un grupo de personas quisieron arrebatarle a Fe y Alegría dicha escuela. En el tiempo en que la escuela estuvo tomada, ella misma ofreció su casa para que los alumnos estudiaran allí.

Testimonio: Fe y Alegría Venezuela